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Algunas acciones para salir de la crisis

ReptesJusto en el momento en que cae sobre Barcelona un temporal de levante de agárrate y no te menees, es una buena ocasión para hacer alguna reflexión sobre diversos aspectos de la crisis que he ido recogiendo de los medios en los últimos días.

En nuestro país, parece como si hubiéramos confundido la crítica con la demolición. Debe ser la influencia mediática de varios descerebrados que aparecen por ciertos programas basura de radio y TV y cuya misión es destrozar cualquier cosa o persona que se le ponga a tiro. A partir del momento en que alguien se atreve a hacerlo en los media, todo el mundo se atreve a destrozar a su alrededor, sin recordar que ejercer la crítica significa tener un modelo, valorar la capacidad técnica del criticado, y encontrar el significado del trabajo que se critica en función de sus coordenadas socio-económico-culturales.

En los artículos de economía y empresa de los últimos meses, he encontrado  un cierto componente de este ambiente, que me ha dejado preocupado, por diversas razones.

En primer lugar porque parece que estamos emperrados en encontrar culpables a la crisis. La banca, así en general, se llevó los primeros palos, y si es cierto que la mayoría ( de los bancos) se apuntó a la fiesta, también es cierto que ha habido personas sensatas que han conducido sus instituciones  con prudencia.

En  segundo lugar, porque cuando se pregunta que hacer para salir de la crisis, las respuestas suelen ser simplistas, técnicas, intuitivas, o simplemente, viscerales.  En muy pocos foros he encontrado discusiones en los que se trate de descubrir que es lo que podemos hacer los ciudadanos de pie. Y este es precisamente el núcleo del problema principal.

Digamos lo que probablemente sea lo más incorrecto políticamente: El primer responsable de lo que me sucede, soy yo mismo. 

Con todas las matizaciones, excepciones  y reservas que se quieran poner, la frase expone una visión de nosotros mismos que algunas veces olvidamos. Por lo tanto, debería entender que debería ser  capaz de ganarme la vida con mi trabajo, simplemente porque estoy seguro de que soy bueno en lo que hago.   Si no es así, debo de formarme en lo mismo o en algo distinto hasta que  sea bueno en lo que hago, en mi profesión.

A partir de este punto, en rigos,  ya no me es preciso un puesto de trabajo. Me es preciso encontrar clientes que adquieran  mi trabajo. Desgraciadamente, la interpretación que se hace generalmente es precisamente a la inversa; el puesto de trabajo me garantiza unos ingresos, me ofrece unas   garantías legales de continuidad (indemnizaciones,  desempleo…) y mi trabajo queda englobado en un conjunto en donde mi responsabilidad queda diluida entre muchas personas.

A mi entender, el primer paso que hay que dar para salir de la crisis es precisamente el conocer todos y cada uno si lo que hacemos es lo suficientemente bueno como para qué sea aceptado. En otras palabras,  tener la seguridad de que somos capaces de ser responsables de lo que hacemos.

El segundo paso sería el ser capaces de encontrar ámbitos de cooperación con otras personas.  Ser complementarios,
ofrecer a otros la posibilidad de trabajar conjunta y lealmente para tener mayores posibilidades. Las empresas cooperativas (esto es, de cooperación) tienen enormes posibilidades en este campo.

He visto en muchas redes sociales anuncios ofreciendo puestos de trabajo, e incluso, ofreciéndose uno mismo. Pero muy pocas veces anuncios con llamadas a cooperar para crear empresas.

Este cambio de actitud es, probablemente, el punto más  crítico de nuestro país. Necesitamos urgentemente personas que sean capaces de  estar seguras de sí mismas en su profesión, capaces de cooperar con otras para consolidar proyectos, de prepararse constantemente ellos mismos y, desde luego, asumir las responsabilidades de lo que hacen.

No es cuestión de desmontar el estado de bienestar. Ni excluir a los menos favorecidos de los beneficios de la sociedad avanzada. La solidaridad se expresa también con los impuestos. Pero es necesario que entren en juego personas responsables, autónomas, disciplinadas y seguras de si mismas. Seguro que las hay.
 
Con mis mejores saludos, Raúl Adroher,

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